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Comamos lo que comamos,
en ningún otro producto alimenticio encontraremos tanta riqueza en nutrientes
como en las hortalizas. Contienen una amplia gama de vitaminas, oligoelementos,
sustancias minerales y fibras, así como importantes enzimas y hormonas,
que son esenciales para la salud, la resistencia alas enfermedades y el
bienestar general, pero con relativamente pocas calorías. Esto significa
que podemos comer todas las hortalizas que queramos sin sobrecargarnos
de peso. Esta riqueza tiene una sola desventaja: se evapora a una velocidad
vertiginosa. A las vitaminas les afecta la luz, el aire y el calor; los
minerales no sobreviven al agua. Por eso, el tratamiento de las hortalizas
no es fácil. Las hortalizas contienen el máximo de vitaminas en el momento
de su cosecha; transcurridas 24 horas ya se ha perdido entre un cuarto
y un tercio de ellas; a los tres días sólo queda la mitad. Dado que en
la agricultura tradicional únicamente se producen usando cantidades enormes
de fertilizantes artificiales y productos químicos, además de hacerlo
en invernaderos escasos de luz solar y, por lo tanto, con derroche de
energía, para una alimentación sana resultan adecuadas las hortalizas
cultivadas biológicamente. La distancia y el tiempo entre cosecha y consumo
sólo se pueden acortar mediante su suministro directo, por lo que deberían
escogerse las hortalizas de la temporada y que se cultiven en las inmediaciones.
Si bien las hortalizas ofrecen siempre estímulos diversos con sus muy
variadas raíces, hojas, tallo, flores, inflorescencias, semillas y frutos,
sus nutrientes siempre tendrán que superar la barrera de la elaboración
o de la cocina. Sólo en crudo llegan incólumes a la mesa. En la cocina
mediterránea -que ha demostrado ser la más sana- la ensalada o las hortalizas
crudas forman parte de toda comida. Pero si se quieren cocinar, deberán
tratarse con cuidado y cocerse el menos tiempo posible, mejor aún si es
con un poco de aceite y/o muy poco agua. Así se conservarán casi intactas
no sólo las sustancias vitales sino también la consistencia, el sabor
y el color propios de cada especie.
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