Los
cereales son la base de la alimentación humana desde que, hace
siglos, nuestros
antepasados cultivar y mejorar las gramíneas silvestres.
Los tipos de cereales
que más abundan en Europa son: el trigo, el
centeno, la cebada
y la avena; en Asia predomina el arroz; en África, el
sorgo; y en el centro
y sur de América, el maíz. Los tipos de preparados
más antiguos con
estos cereales son la sopa y la papilla. Mezclándolas
con otros ingredientes,
sobre todo con legumbres y frutos secos, se
comenzó a preparar
desde muy pronto platos muy nutritivos. Los cereales
siguen siendo hoy
la base de nuestra alimentación, sobre todo allí donde
los preparados de
los mismos no se limitan solamente a la elaboración de
productos de pastelería,
como ocurre, por ejemplo, con el arroz, el sorgo y
el maíz. En los
lugares en donde se hacía la masa con el cereal molido y
agua, se descubrieron
pronto los efectos positivos de la fermentación y
con ello se pudo
desarrollar el arte de la panadería. El pan se impuso
como alimento básico
solamente en las regiones de clima más templado,
utilizándose para
su elaboración el grano entero. Pero hacia 1850 el pan
blanco -hecho con
harina más fina y depurada- se convirtió en Europa en
un símbolo de alto
nivel social, y precisamente aquellas partes que
contenían más minerales
y vitaminas se destinaron a elaborar pienso.
Entonces empezaron
a imponerse las harinas más pobres en sabor y en
sustancias nutritivas;
pero para que cumplan los requisitos impuestos por
la producción industrial,
el panadero dispone actualmente de más de 150
sustancias químicas;
algunas de ellas están permitidas por la ley aunque
puedan ser perjudiciales
para la salud. Uno de los mayores absurdos de la
alimentación moderna
es que menosprecia los productos integrales:
teniendo en cuenta
su alto valor nutritivo, resulta muy contradictorio que
se invierta tanto
trabajo en eliminar precisamente las partes más
saludables del grano.
Pero no sólo desde el punto de vista de la salud
sino también del
sabor, el grano integral tiene mucho que ofrecer: con él
se pueden preparar
excelentes panes y productos de pastelería que
podemos conservar
durante algún tiempo, también deliciosas cremas para
untar en el pan
y croquetas, finos crêpes y barquillos, así como platos de
cuscús, de arroz
y de pasta.